infotlax.com /Jorge Alcántara
En el corazón de Santiago Cuaula, la muerte no se vive en soledad ni con duelo amargo; se camina en comunidad, iluminando la penumbra con el calor de miles de historias compartidas. Al caer la noche de Día de Muertos, esta localidad perteneciente al municipio de Calpulalpan se envuelve en un silencio respetuoso que pronto se rompe con los acordes de la música tradicional y el crepitar de las velas. Desde hace 19 años, sus habitantes han hecho de la caminata nocturna desde la iglesia hasta el panteón un puente invisible entre los dos mundos.
El trayecto, más que una procesión, es una conversación colectiva con la memoria. A cada paso, las familias sostienen velas cuyas llamas tiemblan levemente con el viento fresco de la temporada, proyectando sombras sobre los arreglos multicolores que llevan impresos los nombres de padres, madres, hijos y abuelos. El olor a flor de cempasúchil impregna el aire mientras los pasos descansan sobre una delicada alfombra floral construida por las propias manos de los vecinos, reafirmando que el olvido solo existe para quienes no dejan huella.
Para los oriundos del lugar, como la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, este encuentro anual va más allá de cualquier agenda; es un retorno a las raíces. Rivera Rivera se suma año tras año a sus paisanos para caminar hombro a hombro, compartiendo el sentimiento de pertenencia que solo el suelo natal puede infundir.
El momento cumbre de la velada llega cuando decenas de globos de cantoya se elevan lentamente hacia el cielo nocturno. Creados con paciencia y destreza por la misma comunidad a lo largo de casi dos décadas, estas pequeñas linternas flotantes parecen llevar consigo mensajes de cariño, nostalgias suspendidas y la promesa de jamás olvidar.
En Santiago Cuaula, la tradición no se custodia en libros ni en museos; se vive en el presente. Cada niño que sostiene una vela por primera vez aprende que la muerte, vista desde los ojos de su pueblo, no es un final definitivo, sino la oportunidad más pura de reunirse, sanar en colectivo y mantener vivas las raíces que les dan identidad.
